Entre el ir y venir de paraguas, bajo el persistente manto de lluvia que ha dibujado charcos sobre las calles de la ciudad, un movimiento singular captaba la atención de los transeúntes en el corazón comercial de la misma: Antonio José, el rostro detrás de la emblemática propuesta de La Formigueta, supervisaba los trabajos de desmontaje de su establecimiento.
Sin embargo, lo que para muchos podría parecer el cierre definitivo de un negocio en la milla de oro viguesa es, en realidad, un repliegue estratégico. La firma, que se ha ganado un hueco en el imaginario gastronómico de la ciudad gracias a sus turrones se despide de Vigo solo para tomar impulso.
El artesano detrás del mostrador
Antonio José no es un recién llegado al mundo del dulce. Representa esa estirpe de artesanos que han hecho de la calidad su mejor estrategia de marketing. Al frente de La Formigueta, ha traído a Vigo una propuesta que rescata el sabor de los turrones de autor, las almendras seleccionadas y las mieles de primer nivel, alejándose de la producción industrial para ofrecer un producto con alma y un punto de locura que ha convertido su establecimiento de la Calle Príncipe en parada obligatoria para los paladares más dulces que recorren la ciudad.
Su llegada a la ciudad olívica no fue casual. La apuesta por Príncipe respondió al deseo de conectar con un público que valora la tradición pero que también demanda una experiencia de compra diferencial. En poco tiempo, Antonio José ha logrado que su marca sea sinónimo de excelencia, convirtiendo el acto de comprar turrón en un ritual que trasciende la Navidad.


Una metamorfosis hacia el nuevo concepto de la próxima temporada
El desmontaje de esta mañana no responde a una crisis, sino a una evolución necesaria. «En absoluto se trata de una despedida, ya que esperamos levantar la persiana la próxima temporada, alrededor del mes de septiembre», confiesa el propio Antonio José. El objetivo de este paréntesis es realizar una redefinición integral del espacio de venta.
La intención es convertir el local en un punto de encuentro mucho más atractivo y funcional para el comprador. El artesano busca adaptar su infraestructura a un modelo de negocio que pueda convivir con las nuevas exigencias del mercado, mejorando tanto la comodidad del cliente como el cuidado y exposición del propio producto. Esta transición, que durará los meses de primavera y verano, permitirá que La Formigueta regrese con un concepto renovado que promete sorprender tanto a los fieles seguidores como a los nuevos paladares.
Pese a la imagen de las persianas bajando y los embalajes ocupando el espacio, el vínculo entre el artesano y la ciudad sigue intacto. «Vigo es una ciudad maravillosa que nos ha acogido y nos ha tratado muy bien desde el primer momento», señala Antonio José con gratitud. Ese «trato maravilloso» es el combustible que alimenta el deseo de regresar con más fuerza tras las vacaciones estivales. «No es un adiós, sino una pausa para reinventar el placer de nuestra tradición».
Príncipe ve así cómo una de sus propuestas más personales se toma un respiro técnico. Habrá que esperar a septiembre para ver cómo la hormiga más famosa del dulce vigués vuelve a su hormiguero de lujo, con nuevas recetas y una puesta en escena que, a buen seguro, volverá a endulzar el otoño de la ciudad.



















