En un rincón estratégico del Hotel Maroa, el reloj parece haberse detenido por voluntad propia, bajo el rótulo de Slow, se está gestado una revolución silenciosa que acaba de cumplir sus primeros seis meses de vida. Lo que comenzó como una apuesta arriesgada por el café de especialidad y la cultura del té, se ha consolidado hoy como uno de los templos imprescindibles para quienes entienden que el lujo contemporáneo no es el precio, sino el sabor, las texturas y la calma.
Slow no es solo una cafetería es una declaración de intenciones. Su propuesta llega para sacudir los paladares acostumbrados a la rapidez industrial, ofreciendo un refugio donde el producto se mima desde el origen hasta que llega a la taza, sin atajos y con una estética que invita al sosiego.





De la precisión del V60 a la sedosidad del Aeropress
Para el cliente más sibarita, entrar en Slow es acceder a un catálogo de técnicas casi alquímicas. El local destaca por ofrecer métodos de filtrado que son auténticas rarezas en la hostelería convencional. Entre ellos, el V60, un método japonés de goteo que permite un control preciso de la temperatura y el tiempo para una extracción óptima, y el Aeropress, capaz de otorgar al café un cuerpo mayor y una textura sedosa imposible de replicar en una máquina de espresso tradicional.




«La acogida ha sido excelente, pero de lo que más orgullosas nos sentimos es de la cultura que hemos creado a nuestro alrededor», explica Mildred, gerente del local. «Había un prejuicio inicial sobre el coste del café de especialidad, pero cuando el cliente se sienta aquí, entiende que no paga solo por una bebida, sino por un proceso de selección de orígenes que garantiza una calidad superior. Hemos logrado que muchos dejen a un lado el café torrefacto para abrazar los matices reales del grano».
Más allá de la infusión convencional
Aunque el café sea el gran protagonista, Slow aspira a ser el referente definitivo del té en Galicia. El local cuenta con un Matcha Bar muy personal, donde el respeto al producto original japonés se adapta a los paladares occidentales sin perder su esencia. Su carta es un viaje por Oriente, incluyendo rarezas provenientes de China y alternativas sofisticadas como el Houjicha (té verde tostado).
Incluso las infusiones clásicas, como la de frutos rojos, se presentan aquí con combinaciones botánicas diseñadas para sorprender. «Queremos divulgar este mundo, generar una cultura del té que sea tan profunda y respetada como la del vino o el café», aseguran desde la dirección.
Cookies artesanales y pan de obrador
La excelencia de Slow no termina en la taza. Conscientes de que un café de alta gama exige un acompañamiento a la altura, han sellado una alianza estratégica con Sara, de Ms. Robinson, el obrador que lleva años conquistando Vigo. Cada una de las cookies que se presenta en Slow han nacido desde su propia imaginación y curiosidad convirtiéndose en únicas, especiales y exclusivas, exceptuando su versión de la clásica Oreo, que integran los propios sabores de la cafetería, como el mocaccino, el rooibos o el houjicha.
Este afán por el control absoluto del producto Slow dará un nuevo paso este mismo mes de febrero. «Empezaremos a trabajar con un obrador especializado que nos hará el pan para nuestras tostas», adelanta Mildred. «Queremos controlar cada detalle, desde el grano hasta la miga, para asegurar que la experiencia sea redonda».




Fidelidad en tiempos de prisa
Tras medio año de andadura, el perfil del cliente de Slow se define por la fidelidad. Es un público que valora la rotación estacional de la carta y que ha encontrado en este rincón del Hotel Maroa un espacio donde la lentitud es una virtud. En una ciudad que camina cada vez más rápido, Slow propone un alto en el camino: un lugar donde detenerse, respirar y comprender, por fin, a qué sabe realmente un buen café.





















