Bembrive ha vuelto a demostrar por qué es el epicentro de la tradición en el sur de Galicia. Como si de un rito ineludible se tratase, miles de personas han acudido a la llamada de San Blas, transformando sus calles en un hervidero de gente, música de raíz y el aroma inconfundible a cocido y el sabor del vino de los furanchos. Lo que comenzó como una celebración religiosa se ha consolidado, un año más, como una de las mayores muestras de identidad y cultura popular de la comunidad, atrayendo no solo a los locales, sino a visitantes de toda la provincia.
La solemnidad y el respeto del clima
A pesar de la incertidumbre meteorológica que suele rodear estas fechas, el cielo ha concedido una tregua este martes 3 de febrero. El tiempo ha respetado los actos centrales, permitiendo que la procesión luciera con todo su esplendor. El momento de mayor carga emotiva se ha vivido cuando la Banda de Gaitas, Cornetas y Tambores Ría de Vigo ha interpretado el Himno Galego ante la talla de San Blas.


La solemnidad de las gaitas, acompañada por el redoble de tambores y cornetas, ha silenciado por momentos el bullicio festivo, subrayando el carácter sagrado de una cita que mezcla la devoción al santo con el orgullo de pertenencia a la tierra. La imagen del santo portado a hombros entre una marea de devotos y curiosos ha certificado el inicio oficial de los días grandes.
Un San Blas entre gastronomía, pitos y reivindicaciones
Sin embargo, la edición de 2026 no ha estado exenta de tensiones. La presencia de las autoridades locales, encabezada por el alcalde de Vigo, Abel Caballero, ha sido recibida con una sonora protesta por parte de un sector de los vecinos. Los pitos y silbidos han escoltado el paso de la comitiva oficial en diversos puntos del recorrido.
El motivo del descontento no es otro que el proyecto del nuevo trazado de la A-52. Los manifestantes, que portaban pancartas con lemas como «O pobo non se vende», «Se morre Bembrive morre San Blas» o «Bembrive, pulmón de Vigo», han aprovechado la visibilidad de la fiesta para expresar su rechazo frontal a una infraestructura, la modificación de la autovía, que consideran una amenaza para la integridad de la parroquia. La exigencia de alternativas al trazado actual ha convivido con los vítores al santo, evidenciando que Bembrive es un pueblo que celebra, pero que también defiende su territorio.



El epicentro de los furanchos y la música
Tras concluir los actos oficiales, la fisonomía de Bembrive se transforma para abrazar su esencia más auténtica: el furancho. Estos establecimientos temporales, integrados en la arquitectura de las casas bajas y bodegas de la parroquia, se convierten en el verdadero motor social de la jornada. Es en estos espacios donde el vino nuevo (protagonista indiscutible) se sirve en cuncas, acompañado por los productos derivados de la matanza, como el cocido, la oreja o el chorizo, que alimentan una resistencia festiva que se prolongará hasta bien entrada la madrugada.



Hoy martes los furanchos registran una actividad frenética, consolidando a Bembrive como un destino de peregrinación gastronómica. La hospitalidad de los «furancheiros» y el ambiente de camaradería convierten a esta parroquia en un enclave único donde la cultura popular se vive de forma orgánica, sin artificios.
Bembrive ya no descansa. San Blas ha echado a andar y, entre el aroma del vino y las notas de la gaita, la parroquia reafirma su posición como el corazón festivo de Vigo. Es un lugar donde la tradición no es un objeto de museo, sino una experiencia viva que se disfruta con alegría, pero que se protege con una conciencia comunitaria inquebrantable




















