Cuando se instalaron las primeras rampas de la Gran Vía, en la ciudad de Vigo, se talaron los árboles, se retiraron los setos, y se desmontaron los bancos de piedra y todo aquello que formaba parte del bulevar. Es lógico e inevitable. Sin embargo, hasta la fecha se desconoce cuál ha sido su destino. Seguramente estarán depositados en algún almacén municipal. Estos días, el alcalde acaba de anunciar a bombo y platillo, como hace siempre, el inicio de las obras para la instalación de rampas en la otra parte de la Gran Vía, una obra muy interesante que contribuye a hacer más accesible una ciudad llena de cuestas. Es evidente que los árboles, los setos, los bancos y el resto de ornamentos correrán la misma suerte que en la primera fase. Sin embargo, una amable lectora nos comunica muy preocupada, como otras muchas personas, por estos elementos que pueden terminar perdiéndose en el olvido —-o que pasen a formar parte de la propiedad de alguna persona avispada—-, y sugiere que podrían instalarse en la Rúa Marqués de Alcedo o en otra calle o parque para disfrute general, antes de que sea tarde y luego digan que se han perdido, porque son de toda la ciudadanía y de nadie en particular.



















