Hace años que el aeropuerto de Peinador se enfrenta a una variada y espinosa competencia: por una parte, los demás aeropuertos gallegos, y, por si fuera poco, el impresionante aeropuerto de Oporto – Francisco Sá Carneiro, en Portugal. Pues, mientras el aeropuerto portugués presume abiertamente de ser el aeropuerto de Galicia, tal como reza en sus anuncios, los aeropuertos gallegos compiten entre ellos incluso subvencionando líneas y compañías, dopándolas.
Lo más penoso de esta lucha de intereses es que el aeropuerto de Oporto continúa su crecimiento imparable mientras Galicia sigue perdiendo el tiempo en una lucha absurda. Las ciudades gallegas tienen que comprender y admitir que no se puede pretender un aeropuerto en las proximidades de cada ciudad. Sirva como ejemplo que en Inglaterra, concretamente la ciudad de Londres existen seis aeropuertos, pero todos ellos están desplazados del centro urbano. El más cercano, London City, está a una media hora de distancia; el famoso aeropuerto de Heathrow está a una hora del centro; y el resto, entre los que está el popular aeropuerto de Stansted, están a una hora y media.
Aquí, en Galicia, la pelea de aeropuertos conlleva la pérdida de ofertas de vuelos, frecuencias y precios que se podrían conseguir centralizando el tráfico de pasajeros en el aeropuerto de Lavacolla, ahora también conocido como Rosalía de Castro, a menos de una hora de A Coruña y a poco más de una hora de Vigo.
Por supuesto que no se trata de cerrar o desmantelar las instalaciones aeroportuarias existentes en Galicia, pero sí que se puede —-y se debe—- llegar a un reparto de tareas mucho más eficiente. De un modo absolutamente objetivo, por encima de intereses locales y de personalismos, la solución está en buscar la centralización de viajeros con una oferta amplia en destinos y precios y que sea competitiva con Oporto, y eso sólo se puede conseguir unificando el transporte de viajeros en Santiago de Compostela, dejando el reparto de mercancías para Alvedro y Peinador, y todo ello sin mirarse el ombligo, porque de lo contrario seguirá beneficiándose Sá Carneiro, con una oferta que en unos años llegará a ser totalmente inalcanzable, es una responsabilidad de nuestros políticos. La realidad actual es que en estos momentos compensa utilizar Oporto por su variedad de destinos, por sus amplios horarios, por sus precios, y por sus comunicaciones en autobús, por autopista y con conexión mediante metro ligero. Alguien tiene que ceder para ganar todos.



















