Vigo no se entiende hoy sin su revolución gastronómica silenciosa, esa que ha cambiado el mantel de hilo por el papel parafinado de alta calidad. En el epicentro de este movimiento se encuentra La Artesata, un nombre que ha logrado lo impensable: que el vigués haga cola por un bocadillo de carrillera o un pastrami de autor. Tras años de éxito en la calle Inés Pérez de Ceta, el proyecto emprende ahora su viaje más ambicioso hacia el número 7 de la calle Pi y Margall.
Este traslado no es una simple mudanza de enseres; es una declaración de intenciones. La Artesata abandona su zona de confort para ganar metros, visibilidad y, sobre todo, posibilidades creativas. El cambio de código postal responde a la necesidad de un espacio que sea capaz de contener la ebullición de ideas de su equipo.
Una mudanza estratégica en el calendario vigués
La expectación en la ciudad es máxima. Los habituales del local original miran con curiosidad las obras en Pi y Margall, esperando el momento del reencuentro. Jorge Chinchilla, capitán de La Artesata, confirma que el desembarco es inminente. “Nuestra idea es establecernos en esta nueva ubicación durante el mes de enero; si todo sigue su curso, calculamos que será en la segunda quincena”, explica con la seguridad de quien sabe que el producto estrella ya tiene una base de fieles seguidores.
El nuevo enclave, situado en una zona de gran tránsito y de creciente explosión comercial, permitirá a la marca respirar. El objetivo es claro: mantener la mística artesanal que los hizo célebres, pero bajo un envoltorio que permita una experiencia más completa y cómoda para el comensal.


Evolución culinaria: más allá del bocadillo gourmet
Si algo ha definido a La Artesata es su respeto reverencial por el pan de masa madre y las cocciones lentas. Esa «esencia» no solo viajará intacta, sino que se verá reforzada. Chinchilla adelanta que la cocina de Pi y Margall no descansará: “Vamos a mantener nuestra identidad, pero llegaremos cargados de nuevas recetas. Hemos aprovechado este cambio para investigar y añadir matices que hasta ahora no podíamos ofrecer”.
La carta promete sorpresas que mantienen el ADN de la casa (producto local, técnica depurada y equilibrio de sabores), pero con una complejidad técnica superior. Se espera que el nuevo local funcione como un laboratorio donde el concepto de street food gallego alcance nuevas cotas de sofisticación.
Un nuevo ritmo: el secreto mejor guardado de la inauguración
Quizás el cambio más significativo no esté solo en el menú, sino en el reloj. La Artesata quiere dejar de ser exclusivamente un destino de almuerzos y cenas para convertirse en un acompañante constante en la vida del barrio. Aunque Chinchilla prefiere mantener cierto misterio para el día de la inauguración, sus palabras dejan entrever una transformación profunda en el modelo de servicio.
“Queremos seguir siendo un punto de encuentro, pero nuestra intención es dar un paso más allá y no limitarnos solo a las horas principales del día”, confiesa el responsable del proyecto. Esta expansión horaria sugiere que el local despertará mucho antes de lo habitual, ofreciendo propuestas que podrían conquistar las primeras horas de la mañana.
Sin mencionarlo directamente, todo apunta a que el aroma a café de especialidad y las masas recién horneadas podrían ser los nuevos protagonistas de los amaneceres en Pi y Margall. La idea es crear un espacio vivo, capaz de mutar desde la primera luz del día hasta la última copa de la noche, ofreciendo siempre ese sello artesano que los ha convertido en un referente imprescindible de la gastronomía de Vigo.


















