El Carnaval de 2026 ha dejado de ser una simple cita con la tradición para convertirse en el espejo más fiel (y ácido) de nuestra cultura digital. En un año donde la actualidad y la ironía marcan el ritmo, la estética de los disfraces se ha desplazado desde los clásicos de capa y espada hacia el humor burocrático y los fenómenos globales nacidos en redes sociales. La tendencia es clara: el público ya no quiere ser un pirata, quiere ser un meme con el que todos se sientan identificados.
Desde la sede de Don Disfraz en Ponteareas, el pulso de esta fiesta se mide en cifras récord. La compañía gallega, convertida en un gigante del ecommerce europeo, distribuye estos días más de 5.000 pedidos diarios, con picos previstos de hasta 8.000, enviando la esencia del Entroido gallego a todos los rincones del continente.
Humor administrativo
Lo más sorprendente de esta campaña es el triunfo de lo cotidiano elevado a la categoría de sátira. Los disfraces que encabezan las listas de ventas, agotando ya su tercera reposición, son el de multa de tráfico y el de notificación de Hacienda. Con más de 600 unidades vendidas cada uno, estas propuestas demuestran que el sentido del humor ante las «tragedias» burocráticas es el motor principal del disfraz adulto este año.
«Buscamos diseños que conecten de inmediato con la actualidad. Cuando un disfraz es muy reconocible y tiene ese punto de ironía, el ritmo de ventas es instantáneo», explica Roberto Domínguez, CEO de Don Disfraz. A este podio de la originalidad se han sumado, de forma inesperada, los disfraces de sardina y lata de sardinas, ideales para grupos o parejas, que ya superan las 400 unidades vendidas, confirmando que la creatividad colectiva prima sobre el lucimiento individual.
La hegemonía de la Generación Z
Si el humor administrativo conquista a los mayores, el fenómeno de las Guerras del K-Pop es el rey absoluto entre los más jóvenes. Tras arrasar en la campaña de Halloween, estos diseños lideran las ventas con más de 3.200 unidades, convirtiéndose en la estética dominante de las calles de 2026.
Pero el Carnaval de este año no solo bebe de la música, sino de los personajes que habitan el ecosistema de TikTok. Figuras virales como Tung Tung Sahur, el Capibara o Labubu se han colado en los armarios, demostrando que la velocidad de fabricación y distribución de la firma gallega es capaz de seguir el ritmo frenético de las tendencias de internet.
De Ponteareas para toda Europa
El crecimiento de la compañía, impulsado por su reciente expansión en mercados como el belga, ha transformado a Ponteareas en un centro neurálgico de la logística festiva. Con una plantilla reforzada por 47 nuevas contrataciones para esta campaña, la empresa prevé superar los 110.000 disfraces distribuidos en este Carnaval.
Aunque el 98% de las transacciones se realizan a través de su plataforma online, Don Disfraz mantiene viva su tradición de abrir la tienda física en Ponteareas. Este espacio se ha convertido en un punto de peregrinación para miles de gallegos que, a pocos días del gran desfile, buscan ese accesorio de última hora o el consejo experto para destacar en el concurso de disfraces local.
Fundada en 2007, la empresa ha pasado de ser un proyecto familiar a gestionar el almacén de disfraces más grande de España, con un catálogo de 25.000 referencias. En 2026, su éxito no es solo logístico, sino sociológico: han entendido que, en la era de la información, el mejor disfraz es aquel que logra sacar una sonrisa (o un suspiro de alivio) ante el cartero que trae una notificación de Hacienda.




















