Apartada de las grandes fábricas y la producción en serie, Mónica Chávez se deja en su estudio de Moaña las pestañas y casi la mitad de la vida en crear bebés ‘reborn’. Comenzó hace más de 20 años, cuando este fenómeno era prácticamente desconocido en España y ahí sigue hoy, aunque compitiendo ahora con el músculo de la producción industrial procedente fundamentalmente de China.
“Reborn significa renacido”, explica a Vigoé Mónica. Y este fenómeno de fabricar muñecos idénticos al bebé original no nace del lujo ni del coleccionismo, sino de la necesidad. De la necesidad que generan las guerras. Según cuenta Mónica, este fenómeno nació el siglo pasado en Alemania, cuando muchas madres, escondidas con sus hijos a causa de la guerra, no tenían otra opción que pintar una y otra vez las muñecas de porcelana de sus hijas para que pudieran seguir jugando. La humedad hacía saltar la pintura, y ellas reparaban las muñecas con barro, hierbas o lo que tuvieran a mano.

Con el paso del tiempo, aquella práctica rudimentaria se fue perfeccionando hasta convertirse en una técnica artesanal extremadamente precisa, basada en decenas de capas de pintura, miles de detalles minúsculos y un profundo conocimiento de los materiales.
Vinilo, silicona y realismo
Existen diferentes tipos de bebés reborn. Los más comunes están hechos de vinilo y tienen cuerpos de tela que imitan el peso y el movimiento de un recién nacido. También los hay completamente de vinilo y de silicona, que son los más sofisticados, completamente articulados, y también los más onerosos.
“Los de silicona son totalmente blandos, se mueven desde un dedo hasta una oreja”, explica Mónica, según la cual hay artistas que subastan sus creaciones en Internet y pueden alcanzar y superar los 30.000 euros.
Mónica trabaja exclusivamente con vinilo y su labor de producción es de una exigencia enorme. Cada muñeco puede llevar hasta 40 capas de pintura, aplicadas con esponjas y pinceles microscópicos, selladas una a una en un horno de aire. El cabello es natural y se coloca uno a uno, con una lupa.. “Llega un momento en que no sientes las manos”, confiesa Mónica, que invierte unas tres semanas, trabajando de diez a doce horas diarias, para hacer cada uno de estos bebés renacidos.

Los vende por precios que rondan los 400 euros y los bebés vienen con un ajuar completo: ropa, chupete, zapatitos y certificado, de modo que apenas saca dinero. “Esto no es un trabajo del que vivas bien; es un hobby que te aporta un plus muy pequeño”, dice. Solo el kit base ronda ya los 100 euros, a lo que hay que sumar pinturas, pelo, rellenos, electricidad, lámparas y hornos. Durante años, sin embargo, sí vivió exclusivamente de ello, pero eran otros tiempos. El fenómeno no había llegado a China. Hoy, esos muñecos los fabrican en serie y los venden muy baratos. “Te los mandan pintados por máquina, sin venas ni detalles”, explica.
El cliente
¿Y quién compra este tipo de muñecos? Hay coleccionistas, claro, pero también gente que los adquiere como un juguete. Y luego están las personas que solicitan un réplica exacta de su hijo o de sí mismos cuando eran pequeños, que Mónica hace a partir de fotografías. Hay personas que los encargan cuando se casan para regalárselos a sus padres, para que tengan a sus hijos siempre en casa.

En el caso de Mónica, hay límites que no está dispuesta a traspasar. Acepta réplicas de bebés a partir de fotografías, pero se niega a reproducir a niños fallecidos. “No es sano ni para mí ni para la persona que lo encarga”, afirma. “Entrar en una casa y ver una réplica de tu hijo muerto encima de una cama… eso no es sano para nadie”, insiste.
Mónica no romantiza su trabajo. Para ella no son bebés, sino muñecos. Pero reconoce que cada uno lleva algo de quien lo crea: tiempo, paciencia y una atención extrema al detalle. Desde su taller en Moaña, bajo el nombre de My Beating Heart Nursery, sigue defendiendo un oficio artesanal en un mundo dominado por la rapidez y la producción en masa. Un trabajo minucioso y silencioso que, durante semanas, convierte vinilo y pintura en algo que, al menos por un instante, parece estar vivo.



















