Entre el 2 y 5 de Febrero se «iban» a celebrar en la capital hispalense la XI edición de «Letras en Sevilla» (1936: ¿La guerra que todos perdimos?), organizadas por Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra. Entrecomillé «iban», porque esas jornadas ya no van a tener lugar, al menos de momento. ¿La razón? Pues que a nuestra izquierda comunista no le parece bien que los españolitos hablemos libremente de la contienda civil.
Los organizadores de estas jornadas han denunciado presiones a los participantes por grupos de ultraizquierda, que han amenazado con manifestarse de forma violenta si las jornadas se celebraban. Los firmantes denunciantes lo achacan a «una campaña intolerable de presiones que desde el partido Podemos y medios afines, han estado ejerciendo sobre algunos de los participantes para que renuncien a su participación en las jornadas.» Por cierto, no quiero olvidarme de que los denunciantes mencionan entre los que se sumaron a la campaña, al director del Instituto Cervantes, Luis García Montero.
La Fundación Cajasol, que financiaba las jornadas, ha manifestado que éstas se aplazan al próximo otoño.
Yo me pregunto: ¿ningún cuerpo de seguridad del Estado va a investigar estos hechos para poner a los responsables delante de un juez? Porque si no es así el otoño próximo vamos a estar en las mismas.
Y ya puestos, ¿alguna asociación de periodistas ha denunciado los hechos que conforman un buen desgarrón a nuestra libertad de expresión? No tengo noticia
¿Algúna autoridad universitaria ha dicho algo al respecto? Creo que no.
¿Algun representante del IBEX se ha expresado al respecto en un comunicado? Me faltan datos.
Sobre la oposición política ya no se me ocurre preguntar nada porque conozco la respuesta.
Bueno, pues llegados hasta aquí, ¿qué hacemos ahora? ¿Miramos para otro lado y hacemos que no pasa nada? ¿Permitimos que cuatro aprendices de dictador nos digan de qué temas podemos opinar y de cuáles no? Porque ellos no van a parar con sus campañas violentas, mientras la sociedad española, de naturaleza lanar, sigue mordisqueando el pasto con total tranquilidad.
Durante la Transición se aparcaron los odios de las dos Españas, y se podía tratar cualquier tema sin problema. Carrillo y Fraga se sentaban a hablar y parecíamos un país normal y dialogante. Hasta que llegó alguien al Poder y pensó que volver a los odios mutuos y recuperar la G.C. era muy rentable para su partido. Y bastantes medios se apuntaron rápidamente a esa guerra y siguen en ella.
¿Y ahora alguien va a hacer algo para parar esta locura y volver a la senda del entendimiento? No sé Vds. pero el que esto escribe, en ese sentido, es bastante pesimista.














