En estas fechas de finales de año, y más concretamente el día 28 de diciembre, fiesta de los Santos Inocentes, salta a las portadas de todos los medios de comunicación locales la noticia de la licitación de la nueva concesión del autobús urbano. Se trata de una concesión por nueve años (9) durante los cuales la ciudad estará atada, de nuevo, a la empresa que gestiona el transporte municipal.
Cabe preguntarse si el gobierno municipal es perfectamente consciente de que está haciendo perder a la ciudad la oportunidad de recuperar de una vez por todas el control total del transporte municipal, que podría pasar a manos del Concello. Tengamos en cuenta que existe una empresa —-que ni siquiera es española—- que obtiene rentabilidad por el servicio de autobuses urbanos de Vigo, porque de lo contrario ya lo hubiera abandonado, y que el Concello, además, le inyecta dinero regularmente para compensar la PassVigo. Eso mismo podría gestionarlo directamente el Concello, aunque hubiera que aumentar la plantilla municipal un poco más, que no sería un incremento tan numeroso.
A la vista de todo esto no es extraño que a pie de calle la ciudadanía se pregunte si este negocio millonario no estará también beneficiando a unos cuantos a los que la empresa les agradecerá esa colaboración —-ese regalo—- con una licitación de nada más y nada menos que nueve años. Pobre de quien venga detrás a gobernar esta ciudad —-porque nadie es eterno—-, sea del color que sea, y se encuentre atado con todas estas decisiones imperiales. Pero a lo mejor sólo es una inocentada.





















