En el mes de mayo de 1995 comenzó a funcionar la empacadora de basuras de Guixar, barrio de la ciudad de Vigo donde se produjo una enorme batalla campal en contra de esa instalación. En aquel momento hubo un enorme movimiento vecinal en contra de la instalación. Se trataba de impedir la puesta en marcha de una nave ubicada en la zona portuaria y conocida como planta de transferencia, a donde llegarían los camiones con residuos sólidos urbanos.
Allí se empacarían las basuras sólidas mediante unas prensas gigantescas hasta formar enormes bloques que luego se cargarían en trenes y camiones con destino a la planta de clasificación de Sogama. Cumplidos treinta años desde aquella contienda, el sistema de empacamiento de residuos sólidos funciona perfectamente, sin ruidos y sin olores destacables, sin molestias y sin alteraciones visuales del entorno.
En la actualidad, el barrio está tranquilo y ya nadie habla de aquel dislate. El tiempo ha puesto todas las piezas en su lugar. Queda claro que todo aquel movimiento vecinal beligerante en el que incluso se llegaron a arrojar bolas de acero, bombas de palenque y bombas incendiarias a la policía y a las propias instalaciones, sirvió, en realidad y en el trasfondo, para derrocar al alcalde socialista Carlos Príncipe, un alcalde transitorio al que consiguieron truncarle su continuidad.
Ahora, en el año 2026, más de treinta años desde su puesta en marcha, la planta de transferencia de Guixar pasa inadvertida y ya casi nadie recuerda aquellos momentos de tensión y violencia urbana.




















