En el mes de diciembre de 2013 falleció Jorge Valcárcel Pérez, indiscutible personalidad histórica del deporte vigués. Desde muy joven destacó en actividades deportivas y, sobre todo, en remo, en el Real Club Náutico de Vigo, en la década de los años cincuenta del pasado siglo XX, y luego tuvo una actividad muy relevante en el balonmano. Precisamente, en la fotografía se le puede ver sujetando la pelota en lo alto y a punto de realizar un lanzamiento a puerta.
En aquellos años cincuenta ya destacaba como brillante nadador, en unos tiempos en lo que prácticamente no existían instalaciones deportivas adecuadas, ni piscinas ni mucho menos trampolines. Era capaz de lanzarse al mar desde lo alto del edificio del Náutico deportivo causando la admiración de quienes lo observaban, aun cuando él era una persona muy sencilla y discreta.
Cosechó innumerables trofeos en en la modalidad de yolas de cuatro remeros con timonel, con una tripulación formada por Eduardo Freire, Franco Cobas, Manuel Estévez, Diego Sendra, y el propio Jorge Valcárcel, un equipo bautizado por ellos mismos como “Cucudrulus”. En Vigo y en Galicia siempre eran los ganadores, triunfo al que hay que sumar el campeonato de España de yolas en el año 1959, en Sevilla, en compañía de Ángel Prieto, Diego Sendra, Saturnino Durán y Manuel Villar.
Desde su brillante actividad en el remo, Jorge Valcárcel decidió dar el salto al balonmano, convirtiéndose en un excelente jugador, luego en técnico y finalmente en directivo junto al entonces presidente de la Federación Gallega, Ramiro Losada, siendo su mano derecha. Fue delegado provincial de balonmano y luego delegado territorial de la zona sur de Galicia. Durante su etapa en el balonmano su actividad fue incesante y fue cofundador con Gerardo Méndez del primer equipo femenino de balonmano, el Chouzo.
Al margen del deporte también conviene resaltar que comenzó su actividad laboral profesional en el comercio Ropal, desparecido hace muchos años y que estaba ubicado en la Rúa Colón, hasta que luego entró a formar parte de la plantilla de Citroën, en los primeros años de existencia de una empresa con la que estuvo vinculado, y con gran orgullo, el resto de su vida, sin perder de vista su colaboración con el deporte vigués y, como siempre, con el balonmano.
Era un hombre afectuoso y muy formal, pero a la vez con una carga de respetuosa simpatía que ya se puso de manifiesto a edad temprana. Cuando trabajaba en Ropal, en la década de los años cincuenta, decidió presentarse a un concurso de disfraces. Su madre, Isabel, extraordinaria sastra, contribuyó a realizar el disfraz compuesto por un frac, incluida su chistera, y que estaba completamente forrado de etiquetas de tela, de las que van en el interior de las chaquetas, pantalones y camisas, tanto el traje como el sombrero. Así fue como consiguió el primer premio con el ingenioso título: “De etiqueta”.
Jorge Valcárcel era un hombre muy trabajador, con una gran personalidad y que llevaba la formalidad por bandera, con un enorme sentido de la justicia, la prudencia y la ecuanimidad. Él y Saruca, su mujer, formaron una gran familia con cinco hijos: Jorge Luis, Anabel, Alfonso, Sara y Suso, y varios nietos. Jorge Valcárcel Pérez se sentía plenamente orgulloso de Saruca y de todos ellos, que han heredado sus excepcionales condiciones humanas y que ahora llevan con orgullo el recuerdo de su padre, un vigués de pro que tiene todos los méritos para ser recordado como uno de los mejores deportistas de la historia de la ciudad de Vigo. Un auténtico orgullo.




















