Vigo vuelve a mirar a su ría con el orgullo del trabajo bien hecho. El pasado 19 de enero, coincidiendo con la pleamar de las 18:00 horas, el astillero San Enrique culminó con éxito la botadura de la rampa Ro-Ro destinada al Puerto de Santander. El hecho no es una mera entrega logística sino que supone el regreso del astillero a la construcción de obra nueva, un momento que marca un punto de inflexión en su trayectoria reciente bajo la nueva gestión de Marina Meridional.
La maniobra permitió que la estructura flotara libremente antes de ser desplazada a aguas más profundas, junto a la popa del buque Alegranza. Tras verificar su integridad estructural, la rampa quedó amarrada al muelle, donde aguarda el remolque definitivo que la llevará hasta aguas cántabras en los próximos días.
Ingeniería olívica para el Cantábrico
La rampa Ro-Ro (acrónimo de Roll-on/Roll-off) es una pieza clave para la logística portuaria, diseñada para facilitar la carga y descarga de vehículos de forma eficiente. Las dimensiones de la estructura fabricada en Vigo son imponentes: cuenta con una manga de 31,5 metros en el lado mar y se estrecha hasta los 16 metros en el lado muelle. Sumando el puente de acceso a tierra, la longitud total de la infraestructura roza los 34 metros.

Este proyecto ha servido para poner a prueba la capacidad de respuesta del astillero y de las empresas auxiliares que han participado en el proceso. Desde la Dirección de Marina Meridional han querido subrayar la «implicación y el esfuerzo» de todos los actores involucrados, calificando la entrega como un «hito relevante» que devuelve a San Enrique al mapa de la construcción naval activa.
Un astillero con la vista puesta en el sur
Mientras la rampa para Santander acaparaba los focos, la actividad en las gradas de San Enrique no se ha detenido. El buque Igueldo, cliente histórico de la casa, zarpó a principios de enero con destino a los caladeros del hemisferio sur. El navío abandonó las instalaciones viguesas tras someterse a una exhaustiva puesta a punto para la campaña de invierno, superando con éxito todas las pruebas de mar.
Esta combinación de reparación y nueva construcción dibuja un escenario de estabilidad para una infraestructura que ha vivido tiempos inciertos. La salida del Igueldo hacia el Atlántico Sur simboliza la continuidad de un servicio de mantenimiento esencial para la flota pesquera, mientras que la rampa Ro-Ro demuestra la ambición de diversificar mercados.
Perspectivas de futuro y carga de trabajo
La botadura del pasado día 19 es, según la dirección del astillero, solo el principio. San Enrique afronta el horizonte de 2026 con un optimismo cimentado en una cartera de pedidos en crecimiento. Actualmente, el centro de producción trabaja en varios proyectos de construcción nueva y mantiene negociaciones avanzadas para nuevas iniciativas que podrían asegurar la carga de trabajo a medio plazo.
En un sector tan competitivo como el naval, la especialización en estructuras portuarias y la fidelización de grandes armadores se perfilan como la hoja de ruta para que San Enrique recupere el brillo de antaño. Vigo, ciudad que respira a través de sus astilleros, celebra esta botadura como un síntoma de salud de una industria que se resiste a ser solo parte del pasado.
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