La borrasca que mantiene en vilo al noroeste peninsular ha logrado lo que pocos escenarios consiguen: alterar la columna vertebral de la gestión de residuos en Galicia. Tras la decisión de Adif de suspender la circulación ferroviaria entre Vigo y Ourense debido a las condiciones meteorológicas extremas, Sogama se ha visto obligada a activar un plan de contingencia de urgencia. Desde la pasada noche, la ciudad olívica ha pasado de confiar en el tren para el traslado de sus desechos a depender de una flota de refuerzo por carretera para evitar el colapso de sus plantas de transferencia.
Vigo, como principal núcleo poblacional de la comunidad, se sitúa en el epicentro de este desafío logístico. La interrupción del tráfico ferroviario corta la vía de salida natural de las toneladas de residuos que diariamente se procesan en la zona para ser enviadas al Complejo Medioambiental de Cerceda, en A Coruña.
El reto de sustituir al tren en plena alerta
El impacto de esta suspensión es sistémico. Sogama transporta por ferrocarril el 55% de los residuos que gestiona anualmente, un modelo que destaca por su eficiencia y menor huella de carbono, pero que ahora se revela vulnerable ante la virulencia del temporal. Al quedar bloqueada la conexión con Vigo, la compañía pública ha tenido que movilizar un protocolo operativo que traslada la carga a los camiones, una alternativa necesaria pero sujeta a las mismas inclemencias climáticas que han detenido los trenes.
Los contenedores homologados, con capacidad para 20 toneladas, han comenzado a salir de las plantas de transferencia de la red sur por carretera. Sin embargo, la empresa ya ha advertido de que este cambio de modalidad, sumado al estado de las vías, «ralentizará inevitablemente el ritmo de trabajo», afectando tanto a la salida como a la llegada de los residuos al punto de destino.

Petición de auxilio a los Ayuntamientos
La incidencia ya ha sido comunicada formalmente a los gobiernos locales, con especial atención al de Vigo y su área metropolitana. Sogama ha solicitado a los ayuntamientos «colaboración y comprensión» ante una situación que consideran sobrevenida y ajena a su gestión directa. La preocupación radica en que el flujo de entrada de residuos en las plantas de transferencia no se detiene, pero su evacuación hacia el norte es ahora más lenta y compleja.
En Vigo, la situación se monitoriza minuto a minuto. El objetivo es evitar que la ralentización del transporte se traduzca en una acumulación visible en los puntos de recogida. Por ello, se apela a la responsabilidad institucional para abordar un escenario que pone a prueba la capacidad de resiliencia de los servicios básicos de la ciudad.
Incertidumbre en el horizonte meteorológico
La decisión de Adif de blindar la red ferroviaria responde a criterios estrictos de seguridad, pero deja a la logística gallega en una situación de provisionalidad. Mientras las rachas de viento y las precipitaciones continúen azotando el corredor entre Vigo y Ourense, la carretera seguirá siendo la única vía de escape para los residuos urbanos.
Este episodio reabre el debate sobre la necesidad de contar con infraestructuras capaces de resistir fenómenos meteorológicos cada vez más recurrentes. Por el momento, la flota de camiones de Sogama se enfrenta a una noche larga en las carreteras gallegas, con la vista puesta en las señales de tráfico y el deseo de que el silbato del tren vuelva a sonar pronto en la estación de Guixar.





















