La meteorología en Galicia es, a menudo, un invitado no deseado que intenta disputarle el protagonismo a la épica. Pasadas las cuatro y media de la tarde, una tromba de agua repentina sobre el asfalto vigués amenazó con empañar la jornada, pero el entusiasmo de los cientos de niños que ya caminaban paga ganar su lugar sobre las aceras de la ciudad resultó ser el mejor paraguas. La ciudad olívica volvió a demostrar este 5 de enero que no hay borrasca capaz de apagar el brillo de los deseos infantiles cuando sus Majestades los Reyes Magos de Oriente deciden tomar las calles.
Bajo la temática de «Magia e Ilusión», el desfile de este año se ha configurado como un mundo de color y fantasía, donde la tracción humana, la creatividad visual y el arraigo local han sido los grandes protagonistas de una tarde-noche inolvidable.






















Un itinerario de color desde Coia hasta el corazón de la ciudad
La comitiva real inició su marcha en la Avenida de Castelao, un despliegue de 11 carrozas diseñadas por la firma Parade Factory di Luca que convirtió el barrio de Coia en el epicentro de la ilusión. El recorrido, que atravesó la Plaza América y enfiló la calle Camelias tras pasar por Álvaro Cunqueiro, culminó en la Plaza del Bicentenario, dejando a su paso una estampa de familias agolpadas en una ilusión compartida.
Abrían paso unos singulares papagayos motorizados (gracias a la tracción humana), una declaración de intenciones de lo que sería esta edición: una apuesta por el movimiento y la animación constante. El desfile avanzó con paso firme, integrando seis carrozas municipales (destacando la de la Policía Local y el Cartero Real) junto a las carrozas reales de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Un bestiario fantástico y guiños a la identidad viguesa
El diseño de las carrozas de 2026 ha destacado por su capacidad para evocar mundos imposibles. Figuras como un dragón de dimensiones épicas, un ballena, decenas de pájaros y un dinosaurio gigante escoltaron a los monarcas. Sin embargo, fueron los pasacalles los que terminaron de teñir la atmósfera de irrealidad. Mención especial merece el «Dragón guardián de los sueños» de la compañía Barafunda y el «Verme lambón», que serpenteaban entre el público.
La cabalgata no olvidó su identidad marítima y urbana: ballenas y mariposas gigantes abandonaron simbólicamente la ría para nadar sobre el asfalto, mientras que históricos tranvías recorrían las calles en un guiño nostálgico que conectaba el pasado de Vigo con el futuro de sus ciudadanos más jóvenes.
Si bien los charcos ocasionados por la lluvia obligó a medir la captura de caramelos, la compensación llegó en forma de energía y cercanía. La locura se desató con la aparición de los tres Reyes Magos. Lejos de la rigidez institucional, Melchor, Gaspar y Baltasar se contagiaron del espíritu festivo, saltando y danzando sobre sus tronos, compartiendo una vitalidad que se transmitió de inmediato a los más pequeños, mención especial al Rey Melchor que vivió su desfile derrochando energía y comunión con quienes se agolpaban en las aceras.
Esa energía se tradujo en miles de manos saludando al unísono y miradas cargadas de esa inocencia que solo se vive una vez al año. La conexión entre los monarcas y la infancia viguesa fue el motor que hizo olvidar el suelo mojado y el frío de enero.
Recepción oficial en la Porta do Sol: el inicio del viaje
Pasadas las 20:15 horas, la comitiva alcanzó el kilómetro cero de la ciudad. Sus Majestades fueron recibidos en la Porta do Sol en un acto cargado de simbolismo. Allí, ante la atenta mirada del Sireno, los Reyes iniciaron oficialmente su viaje privado por cada hogar de la ciudad para repartir los regalos.
Vigo cierra así una jornada donde la música, las animaciones de gran formato y la identidad local se han fundido en un solo abrazo. La cabalgata de 2026 no ha sido solo un desfile de luz; ha sido el recordatorio de que, en esta esquina del Atlántico, la ilusión siempre gana la partida a la meteorología.






















