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Última edición: Vie, 13 Dic 2019 2pm
Julio Alonso

Julio Alonso

Articulista.

Carnaval 2015

Publicado en Más Vigo
16 Febrero 2015

Los carnavales de Vigo van tomando cada vez más fuerza. A medida que van pasando los años, vigueses de todas las edades se animan a celebrar una fiesta popular que no siempre disfrutó de la permisividad actual. Tan solo hay que remontarse unos cuarenta años atrás para encontrarnos con unas fiestas de carnaval un poco diferentes. Por ejemplo, estaba prohibido utilizar antifaces, caretas o artilugios que impidieran la identificación de los adultos que los portaran. Los niños, en cambio, se divertían con simples caretas de cartón que vendían en los quioscos y en las papelerías. En aquella época era famosa la papelería Barrientos, en la viguesa calle del Príncipe, en lo que hoy es la entrada de unas galerías comerciales frente al museo del Marco. Pero aquel no era el único lugar donde se podían encontrar preciosas caretas de cartón que representaban a los personajes populares de los cuentos; obviamente, no existían caretas con la imagen de políticos ni tampoco personajes populares. Y los disfraces se confeccionaban en casa, combinando, sobre todo, ropas en desuso. Algunas modistas presumían —-con razón—- de su creatividad y buen hacer, y, como ejemplo, en una ocasión, un vigués llamado Jorge Valcárcel Pérez ganó el primer premio de un concurso de disfraces con un frac totalmente forrado de etiquetas comerciales cuidadosamente cosidas a mano, incluida la chistera correspondiente, también forrada, y el título era, como es lógico, "De etiqueta". Pero las prohibiciones en aquellos tiempos obligaban a que los clientes se identificaran a la entrada de algunas salas de fiestas. A pesar de todo, la gente se divertía como podía. Luego, con la llegada de la democracia, aquellas prohibiciones desaparecieron y el pueblo comenzó a dar rienda suelta a su imaginación.

Muchas ciudades encierran numerosas muestras artísticas espontáneas, la mayoría de ellas anónimas, pero no por ello menos valiosas en cuanto a su composición, su cromatismo e incluso por el mensaje que encierran.

Alta Velocidad Española

Publicado en Más Vigo
11 Febrero 2015

Falta muy poco para la finalización de las obras de la estación del tren AVE de Vigo, y conviene rememorar, siquiera con brevedad, las anteriores instalaciones ferroviarias. La primera estación de tren de Vigo se construyó en la segunda mitad del siglo XIX y conectó la ciudad de Vigo con la de Ourense. Curiosamente, aquella primitiva estación quedaba alejada del núcleo urbano, aunque pronto fue engullida por el desarrollo urbanístico. Más tarde, en el primer cuarto del siglo XX sufrió la primera remodelación, hasta que en el año 1987 se decidió abordar un nuevo proyecto y fue demolida. Se numeraron sus piedras, se desmontaron, y desde aquella fecha siguen esperando un futuro incierto en un solar municipal, puesto que el edificio merecía ser conservado como tantos otros por los que ahora lloramos con desconsuelo e inútilmente los vigueses. Pero la nueva estación tuvo una vida mucho más limitada, puesto que en el año 2011 tuvo que ser demolida para dar comienzo a la construcción de la nueva estación dedicada al AVE, quedando en servicio, mientras tanto, una nueva y sencilla instalación en Guixar, denominada "Vigo-Guixar". Esta estación seguramente coexistirá en un futuro con la nueva del AVE. Una estaría dedicada a los trenes convencionales, y la otra para la tan controvertida Alta Velocidad. Lo que convendría preguntarse, aunque ahora ya sea irreversible porque las decisiones ya están tomadas y las obras casi terminadas, es si realmente necesitamos esos trenes de Alta Velocidad, con el elevado coste que conlleva su infraestructura, y teniendo en cuenta que sólo sirven para el transporte de viajeros. Porque el AVE no es barato, no nos engañemos. Es posible que al principio haya ofertas para promocionar el servicio, pero no será por mucho tiempo porque no sería rentable. En definitiva, el AVE no es un transporte para todos, sino para los bolsillos más abultados. Hubiera sido muchísimo más barata y más lógica una inversión en trenes de cercanías, aumentando las frecuencias y mejorando las instalaciones. Eso permitiría una mejor comunicación con distintos puntos de Galicia, de Portugal, e incluso de la meseta. Una persona que viva en Vigo y trabaje en Santiago de Compostela podría realizar el desplazamiento en tren por un módico precio y con un tiempo de trayecto totalmente asumible. Lo mismo ocurriría con los estudiantes. Y con las personas que trabajan en Ourense o el norte de Portugal. Cualquiera puede imaginar múltiples ejemplos y combinaciones. El AVE, en cambio, sólo servirá para presumir de un tipo de transporte que reducirá el tiempo de comunicación con algunas ciudades y a un precio que no estará al alcance de cualquiera.

Luis Martínez Portela, también conocido como Luis do Freixo, es un ingeniero vigués jubilado de Telefónica que desde hace años dedica gran parte de su tiempo a la difusión del Camino Portugués por la Costa. Ha realizado una meritoria y destacada contribución con la elaboración de una detallada cartografía que pone al alcance de los interesados a través de su página web: www.caminador.es

Un clavo de Cristo

Publicado en Más Vigo
09 Febrero 2015

Sí, lo es. Es un clavo del Cristo de la Victoria, venerado en todo Vigo y su área de influencia. La primera referencia que existe del Cristo es del año 1740, y los estudios indican que se trata de una talla del siglo XVII, atribuida a Sebastián Ucete (Toro 1568-1621). La imagen se conserva en la Iglesia de Santa María, también conocida como la Colegiata, con categoría de Concatedral. La imagen también es conocida como el Cristo de la Sal, porque la leyenda cuenta que fue rescatada del mar por un barco que transportaba sal. Sin embargo, en la actualidad es mucho más conocida con el apelativo de Cristo de la Victoria, porque desde el año 1809 los vigueses lo responsabilizan de su victoria para liberar a la ciudad de la ocupación francesa. Año tras año, el Cristo de la Victoria es sacado en procesión multitudinaria el primer domingo de agosto, en medio de una enorme devoción compartida por gentes de todas las edades y todas las condiciones. El día anterior a la procesión tiene lugar el ritual del descendimiento, en el que se baja la imagen de su cruz, un acto que, junto con la organización de la procesión, es una de las ocupaciones de la Cofradía del Cristo de la Victoria. En cuanto al clavo que se observa en la fotografía conviene advertir que es auténtico, pero que corresponde a otra época, y su historia es curiosa. En un momento dado se optó por modificar los clavos por otros que resultaran más funcionales. Y teniendo en cuenta la devoción que siempre se le ha profesado al Cristo de la Victoria, los tres clavos antiguos fueron repartidos entre tres destacadas personas de la Cofradía que estaban comprometidos con distintos menesteres. De este modo, uno de ellos obra en poder de la persona que hace unos días ha permitido fotografiarlo. Lo ha heredado de su padre y ahora lo conserva a buen recaudo como un auténtico talismán de la buena suerte que siempre le ha acompañado.

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