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Última edición: Vie, 24 May 2019 11pm

EDITORIALES

Pablo Morell: "Un autor que no conozca su propia voz no nos interesa"

"Nadie se hace rico escribiendo y los que lo han hecho, antes hicieron ricos a sus editores", afirma el editor del Grupo Trymar

08 Febrero 2015 por
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Pablo Morell, director general de la Editorial Trymar. Pablo Morell, director general de la Editorial Trymar.

El Grupo Trymar nace en Vigo en el año 2000, dedicada en un primer momento a la edición de materiales de formación exclusivos difíciles de encontrar en el mercado. Esta vocación no impide que posteriormente entre en el ámbito literario, apostando fuertemente en su catálogo por obras de ficción con un marcado contenido social.

Así nace Edicións Kékeres, una línea editorial basada en la búsqueda de nuevos talentos por todo el Estado. Gente con ganas de contar historias nuevas, comprometidas social o literariamente, han encontrado en Kékeres un lugar donde poder ser escuchados y divulgados por todo o país. En 2003 nace Gayga, una línea editorial más atrevida y orientada al público que demanda literatura gay y lesbiana. Actualmente la recuperación de clásicos de la literatura española y gallega han pasado a formar parte de su catálogo, así como la adaptación de estos para niños, con un marcado carácter pedagógico que se recoge en la línea Alvarelliños. Entrevistamos a Pablo Morell, su director general.

Me gustaría conocer los retos a los que os enfrentáis las pequeñas editoriales frente a las grandes.
Exactamente igual que cualquier empresa pequeña frente a una mayor: sobrevivir. Para ello hay que ofrecer algo que a las grandes empresas no les compense, es decir, plantear tu trabajo no para hacerte rico, sino para disfrutar de él. Esto es básicamente lo único que puede ofrecer una pequeña empresa frente a otra grande. Las empresas son grandes porque están pensadas y diseñadas para ganar dinero, cuanto más, mejor. Si las empresas pequeñas hacemos esto, estamos perdidas. No significa que no nos guste el dinero, pero como no sabemos lo que es tener mucho, no podemos afirmar que eso nos agrade más que lo contrario. Esto conlleva que habremos de ofrecer productos que no ofrezcan las grandes empresas. Buscar nuestro espacio, asentarlo y procurar ampliarlo en la medida de lo posible. Arriesgarse en proyectos distintos a los mayoritarios no es una alternativa, es una necesidad. En Trymar buscamos nuestro espacio en el mercado por medio de la búsqueda de lectores "abandonados", como, por ejemplo, las nuevas lectoras en lengua gallega. Mientras que en castellano llevan años mimándolas, ofreciéndoles obras específicas para ellas, en gallego no existe casi oferta. La nueva serie de UXÍA, que vamos a sacar en marzo, está orientado a estas lectoras.

¿Cómo ha afectado el formato digital a los editores?
El formato digital en Galicia es testimonial. Mientras no lleve parejo una disminución significativa de los precios, la edición digital sólo funcionará en el libro de texto. Además, hay que ofertar plataformas, librerías digitales, lo que significa una inversión mantenida en el tiempo sin retorno inmediato, vendiendo un producto barato. A esto hay que sumarle que el IVA de un libro digital es del 21%, mientras que el de papel es del 4%. Además, conlleva gastos de gestión documental duplicados, es decir, Hacienda no los considera libros pero el Ministerio de Cultura sí. Falta una estrategia común racional.

¿Qué criterios seguís para elegir a vuestros autores?, ¿algún género en concreto?, ¿un currículo determinado? Con ello me refiero a alguien que ya haya obtenido algún premio literario, que ya haya publicado algo...
A nosotros nos da igual que el autor sea conocido o no, o su curriculum más allá del tema comercial. Un autor reconocido es más fácil de vender, evidentemente. Pero un autor desconocido involucrado en la promoción de su obra puede vender más que otro consagrado. El único criterio válido es la calidad literaria de la obra y, en segundo lugar, la disponibilidad del autor tanto en el proceso de edición como en el de promoción. Decía Umberto Eco que él quería ser Cervantes y se quedó en Eco. Un autor que no tenga esto claro, que no conozca su propia voz, no nos interesa.

También me gustaría saber cómo es el proceso de evaluación de una obra.
En primer lugar realizamos una valoración comercial de la misma. Esto significa que debe ser una obra entretenida, que nos atraiga en la primera lectura y nos aporte como lectores. Si en una primera lectura la obra no te atrae, nos entra el pánico. No siempre la desechamos, pero sí que pasa al final del cajón, en el mejor de los casos. Luego intentamos encajar la obra dentro de nuestra línea editorial, descubrir qué nos aporta, incluso en el caso de que no vendiésemos ni un ejemplar. Y, por último, valoramos la capacidad del autor de trabajar con nosotros. Si no hay buena sintonía con el autor, da igual lo que hagas, el proyecto no va a funcionar.

¿Crees que la crisis ha aumentado el número de autores potenciales?
Potenciales no sé, pero sí que ha aumentado la autoedición, ha hecho replantearse a mucha gente que la literatura, para mantenerse, tiene que vender ejemplares, así que el esfuerzo de llenar cien páginas, para que compense, además de la satisfacción personal, ha de interesar a gente a la que no interesas tú en absoluto. No significa que mejore la calidad o la cantidad de obras escritas, pero sí que ha economizado el proceso. Y eso, a nosotros, nos facilita el trabajo.

¿Qué pasos debería seguir un autor novel para que una editorial se interese por su obra?
Primero tener una obra. Una obra no es un libro escrito los fines de semana o un verano romántico, una obra es un conjunto compacto y congruente de trabajo literario. Da igual que sean veinte poemas escritos en una servilleta o doscientos ensayos filosóficos editados en revistas especializados durante treinta años. A continuación corregir lo que hayas escrito. Si te aburres a ti mismo en una segunda lectura, imagina un lector. Y, por último, estar dispuesto a hacer lo que sea por editar. Nadie se hace rico escribiendo. Y los que lo han hecho, antes hicieron ricos a sus editores. Puede ser triste, pero, por desgracia, es así.

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