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Última edición: Jue, 15 Ago 2019 7pm

Entrevista / Fran Zabaleta

"Para ser escritor de verdad hay que dejarse la corrección y la vergüenza en casa, hay que ser brutalmente honesto"

Hablamos con Fran Zabaleta, autor de «Viaje al interior. 80 días en furgo por la España olvidada»

16 Diciembre 2018 por
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Fran Zabaleta, en su furgoneta. Fran Zabaleta, en su furgoneta.

Autor consagrado de novela histórica, Fran Zabaleta ha decidido, en su sexta obra, cambiar por completo de género y escribir un apasionante libro de viajes, por lugares que él mismo ha visitado en furgoneta durante este año. «Viaje al interior. 80 días en furgo por la España olvidada» es mitad crónica del presente y del pasado, de gestas y a veces de bochornos patrios. Hoy ha tenido la generosidad de responder unas cuantas preguntas.

Muchas gracias por atendernos. En primer lugar, la pregunta tópica (prometo que será la última así de tópica): ¿por qué un libro de viajes, y qué tuvo que ver John Steinbeck en esta decisión (que lo he leído en el prólogo)?
Hola, Gabriel. Nada, hombre, tú haz todas las preguntas tópicas que quieras, que son las más fáciles de responder. O no.
La culpa de todo la tuvo, en efecto, un libro de viajes que llegó a mis manos por casualidad: Viajes con Charley, de John Steinbeck, en el que el Premio Nobel contaba su viaje en una furgo camperizada a lo largo de Estados Unidos, allá por la década de 1960. 
Su lectura me atrapó. ¡No me digas que no es una idea sugerente! Tanto que me animó a hacer algo con lo que siempre había fantaseado: comprarme una furgo y lanzarme a recorrer el mundo… empezando por mi propio país. 
Y como esas cosas hay que hacerlas rápido, antes de que la sensatez te alcance, seis meses después, en febrero de 2018, en pleno temporal de invierno, me puse en marcha con mi flamante furgo de segunda mano recién adquirida, dispuesto a recorrer hasta el último rincón del interior de España.
Y lo hice: durante ochenta días recorrí más de 8.000 kilómetros a través de dos países (Portugal y España) y siete comunidades autónomas. Visité más de cien pueblos, yacimientos arqueológicos, parques nacionales, castillos... Lugares todos de los que llevaba toda la vida oyendo hablar, pero que no conocía.  
Pero claro, soy escritor, no puedo evitarlo, así que cada semana iba publicando un relato del viaje en mi web en el que contaba no solo las peripecias del día a día, sino también las historias que más me llamaban la atención de los lugares que visitaba. Tuvo muy buena acogida entre los lectores del blog y de mis redes, y eso me animó, una vez de vuelta en casa, a recopilar esos textos, reelaborarlos, ampliarlos, cocerlos a fuego lento y convertirlos en un libro de viaje. Que es lo que ahora tienes en la mano (¡espero!).

Me parece muy valiente tu decisión de lanzarte tú solo a la carretera, pero antes tuviste una primera prueba, no tan solo, en Tenerife, ¿no es así?
Sí, que uno es lanzado, pero no suicida. Y como sé muy bien que demasiado a menudo lo peor que te pueda pasar es que se cumplan tus sueños, antes de comprar la furgo decidí hacer una prueba. Alquilé (con unos amigos que se me pegaron en cuanto se lo comenté) una autocaravana y durante cinco días recorrimos Tenerife (por entonces estaba pasando el invierno allí, que siempre que puedo me escapo de la lluvia y el frío) para comprobar si lo de viajar en furgo era tan apetecible en la realidad como en la imaginación. Y resultó que sí...

Desde luego, buscaste un buen vehículo para semejante aventura: calefacción, ducha, retrete y cama. La furgoneta de un auténtico aventurero. Pero también pasaste apuros por su culpa.
Qué va. Un auténtico aventurero se va con lo puesto y en un patinete, pero yo soy más sibarita y tenía claro lo que quería: un vehículo cómodo en el que pudiera estar de pie (que, al cabo, me iba a pasar muchas horas dentro de él), con ducha, retrete y calefacción. Y acerté, porque el viaje lo realicé durante uno de los inviernos más gélidos de las últimas décadas y la calefacción estuvo funcionando semanas enteras... 
Pero claro, no todo iba a ser perfecto y hubo algunos problemillas. Lo justo para darle un poco de emoción al viaje, solo eso. La verdad es que la Lagartija se portó de maravilla. (Sí, mi furgo tiene nombre. Se llama así porque es como su dueño, el sol le carga las pilas. Bueno, en su caso le carga la placa solar, pero es lo mismo).Viaje al interior

Cada etapa de tu viaje es, como dices, un descubrimiento interior y exterior, pero también pasado y presente. La historia de la llegada de los eucaliptos a Galicia y Portugal, el amor trágico de Pedro I e Inés de Castro, el puente de Alcántara o el horror de los incendios. Pero, por una vez en toda tu obra, tú mismo te implicas en la narración. Has dejado de ser solo el arquitecto de una historia para dejarnos ver tus sentimientos, tus penas o tus indignaciones. ¿Cómo ha sido este cambio de planteamiento?
En realidad no ha habido ningún cambio de planteamiento. Siempre tuve claro que para ser escritor de verdad hay que dejarse la corrección y la vergüenza en casa, hay que ser brutalmente honesto. En las obras de ficción te desnudas tras el velo de tus personajes, pero no dejas de ser tú el que habla, y hay temas que escuecen. 
En las obras de no ficción, sobre todo en los libros de viajes, el velo desaparece, pero permanece la honestidad. Es la única forma de llegar al lector, o al menos es la única que conozco: hablarle con toda la sinceridad posible. El lector siempre percibe si la voz que lee es impostada o natural.
Qué narices, llevo toda la vida practicando nudismo. Estoy acostumbrado a quedarme en pelotas… Ejem.

No es la primera vez que te dedicas a la divulgación de la Historia. En «Déjame que te cuente», ya explicabas hechos fundamentales del pasado desde la perspectiva de lo que queda hoy en día de esos lugares. ¿Qué lo diferencia de «Viaje al interior»? ¿Es posible que en este libro exista una mayor implicación emocional por tu parte y una mayor libertad para mostrar tus opiniones, o solo es una impresión mía?
Bueno, «Déjame que te cuente» es una serie de microdocumentales, el formato y el objetivo es muy diferente. Tanto la serie como el libro nacen de una pasión, de una fascinación, procuro hablar solo de aquello que me fascina, pero sin duda la implicación personal en «Viaje al interior» es muy superior. ¡Inevitablemente, me pasé ochenta días metido en el vientre de la Lagartija! Y el pudor, como te decía antes, lo perdí de pequeño y no he vuelto a encontrarlo...

Se nota tu pasión por la Historia y tus grandes conocimientos, ya que eres historiador. Pero también se nota en este libro tu pasión por enseñar y por contar la historia de una manera sencilla y divertida, y en eso me parece ver al maestro de secundaria y de bachillerato que fuiste durante años. Y también al novelista, que dibuja una trama que engancha al lector y le lleva de la mano. ¿Cabíais todos en esa furgoneta tan pequeña? (al menos sé que buen mecánico no eres, que tú mismo lo has confesado, así que era un Fran menos para el viaje).
Je je. Ya, es cierto, eso de la mecánica no es precisamente lo mío… Afortunadamente, hay muchos buenos mecánicos por el mundo, como tuve ocasión de comprobar. Tienes razón: la historia me apasiona, pero fue dando clase en secundaria y bachillerato como descubrí que también me apasionaba contar la historia, explicarla, dibujarla con palabras en la imaginación de los demás. Entiendo las cosas cuando las explico. Supongo que esa es una de las razones por las que me dedico a escribir, es la única forma que tengo de explicarme el mundo, de tratar de comprender lo que me rodea. Y si de paso lo que cuento ayuda a alguien a aclararse un poco, mejor que mejor.

Una de las grandes virtudes del libro es su manera honesta de mostrar España como un lugar plural, rico y diferente, con virtudes y también con defectos, tanto del presente como (la mayoría de las veces) heredados del pasado. Y tú también te has mostrado así a lo largo de sus páginas, con la misma honestidad. ¿Has sacado alguna conclusión en tu viaje, acerca de España y de ti? ¿O por lo menos de ti?
Sin duda, claro que las he sacado. Sobre España y sus gentes, aunque no te las voy a comentar porque prefiero que el lector llegue a ellas, o no, tras realizar su propio viaje a través de mi libro. Y sobre mí también, sobre mi forma de vivir, mis impulsos, mis filias y mis fobias. Ha sido un viaje de exploración y de introspección de lo más interesante y provechoso.

¿Crees que España es un país que trata bien su Historia? (esta es la pregunta en la que toca mojarse).
Bueno, lo de mojarme no me cuesta nada, ya lo sabes. España es un país muy complejo, un territorio diverso en el que históricamente compiten fuerzas centrífugas y centrípetas. En realidad es un continente en miniatura, y cada pieza de ese puzzle, cada parte de ese continente lucha por imponer su visión del conjunto. En esas circunstancias, la objetividad es muy complicada. 
Por otra parte, no es cierto que nos menospreciemos o despreciemos nuestra historia. Creo que, a diferencia de otros países, ingleses o franceses sin ir más lejos, los españoles tenemos un sentido crítico muy acendrado y muy saludable. Somos fundamentalmente honestos: en vez de glorificar y ensalzar el pasado, lo vemos desde un punto de vista crítico. Somos capaces de reconocer lo bueno, pero también de condenar lo malo, los excesos, los abusos. Esa mentalidad quizá no sirva para crear mitos nacionales, pero me alegro mucho de vivir en un país en el que la gente antepone la crítica a la vanagloria. Es la única forma de conseguir que la sociedad avance hacia la justicia social.

Franfurgo02Tú eres uno de los autores que más utiliza las redes sociales para comunicarse con sus lectores y con otros profesionales, y has comentado alguna vez que este libro se ha servido de eso, haciendo que mucha gente interaccionara. ¿Cómo ha sido?
Lo queramos o no, vivimos en un mundo social. Y las redes sociales son parte de nuestro trabajo de escritor. Además proporcionan una inmediatez envidiable, permiten una relación directa con tus lectores, algo que a mí, al menos, me da ánimos cada día para seguir escribiendo. Internet ha derribado las torres de marfil. 
Como te decía más arriba, fueron los lectores, a través de las entradas semanales que publicaba en mi blog y de las redes sociales, los que me animaron a escribir este libro. Fue algo completamente inesperado: desde el principio, un montón de personas se implicaron día tras día, comenzaron a seguirme, a recomendarme lugares, a darme ánimos cuando hacía falta… Viajar así es viajar mucho menos solo, desde luego. Por eso les he dedicado, os he dedicado (sí, tú también estás en la lista del final), el libro. Porque es vuestro. (Aunque los derechos de autor los cobro yo, ¿eh?).

Como te he dicho antes, creo que esta ha sido una decisión muy valiente, a la hora de lanzarte a un género que no habías trabajado y a una aventura personal de romper con las comodidades. ¿Piensas que tal vez, dentro de unos años, alguien leerá «Viaje al interior. 80 días en furgo por la España olvidada» y deseará irse a recorrer su país en furgoneta? (quien dice furgoneta, puede referirse a una barca o una avioneta, si la persona vive en un archipiélago, pero ya me entiendes).
Seguro que sí. Y entonces podremos crear una cadena de libros relacionados: «Viajes con Charley» de Steinbeck dio origen al mío, el mío dio origen a tal otro y este a… En realidad, los libros siempre nacen de otros libros, de otras lecturas, de lo que otros autores han hecho, dicho e imaginado. Pero para que un día alguien se anime a emprender un viaje gracias a este libro, antes tienen que leerlo muchas personas. E incluso muchos que no son personas. 
Que, además, es la única forma que conozco de ganarme la vida, así que ya puedes animar a tus lectores (los que son personas y los que no), a leerlo ahora, y no dentro de unos años…

Desde luego, el resultado ha sido magnífico, que lo sepas.
Ya, si lo sé… Ejem.

Un millón de gracias por dedicarnos tu tiempo y tu paciencia. ¿Quieres decirle algo más a nuestros lectores?
Que si han conseguido leerse todo este tocho sin pestañear, está claro que son excelentes candidatos para tragarse entero «Viaje al interior». Aunque mejor con una pizca de sal.

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