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Última edición: Mar, 23 Abr 2019 9pm

Toni Moog: “Es imposible hacer reír a todo el mundo y tratar de hacerlo es un error”

El cómico catalán visita Vigo este sábado con su espectáculo ‘Hollymoog’, que ha permanecido 30 semanas seguidas en cartel en Barcelona

06 Junio 2018 por
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El humorista catalán, en un espectáculo. / Foto: @tonimoog El humorista catalán, en un espectáculo. / Foto: @tonimoog

Está lleno de tatuajes, lleva pendientes y tiene un deje chulesco al hablar. Cualquiera sacaría conclusiones precipitadas de un humorista al que califican de “canalla”, pero todo eso son estereotipos sobre un cómico cuyo único pecado es ser “de barrio”. Toni Moog se expresa como es sobre los escenarios y en las entrevistas, primando la naturalidad sobre lo políticamente correcto. Algo que le ha valido más de una reprimenda, especialmente por las redes sociales. Este sábado (21.00 horas) estará en Vigo, en el teatro Salesianos y lanza un aviso: “Quien se ofenda por cualquier cosa, que no venga al espectáculo”.

¿Qué podemos esperar del espectáculo de este sábado?
Básicamente, risas. Esa es la premisa número uno. Vengo con un espectáculo nuevo que ha estado 30 semanas seguidas en Barcelona y ahora estamos con la gira. Es el último espectáculo que he hecho, con una temática que gira en torno al cine como ya se deduce por el nombre de ‘Hollymoog’ pero bajo mi prisma. Un poco ‘destroyer’ porque yo soy un poco bruto y animal. Hablo de cine pero no de películas, sino de géneros y tipos de películas. Por ejemplo, de las de Disney. Pero en plan destructivo. La gente tiene una imagen de las películas de Disney pero luego resulta que cuentan historias de princesas huérfanas a las que les hacen ‘bullying’ y de padres que mueren como en ‘Bambi’ o ‘El rey león’… También hablo de los musicales, que los odio. No soporto que los personajes se pongan a cantar de repente.

¿Qué tipo de cine le gusta entonces?
A mí personalmente me gusta un poco todo, pero sobre todo que sea bueno. Como la música… Me gusta todo tipo de música menos el ‘reggaeton’. Porque no hay una canción buena de ‘reggaeton’. Me gusta sobre todo el cine negro y el épico. Lo que no soporto son los musicales y ya ni te cuento los de Bollywood, que también aparecen en mi monólogo y los destripo. Por eso digo que más que un homenaje, el espectáculo es un ultraje al mundo del cine.

Un ultraje que ha tenido éxito, sobre todo en su tierra.
Sí, viene muy rodado. Después de Barcelona lo he llevado a Zaragoza, Madrid, Valencia, Mallorca... Ya ha rodado por varias ciudades y, de hecho, estamos terminando la gira. Después de Vigo, voy a Bilbao y a Girona, y ahí ya termino.

No es la primera vez que se enfrenta al público vigués.
No, no. Ya he estado en Vigo y siempre me ha encantado el público de Vigo.

El humor suele ser irreverente pero se ha labrado usted fama de destacar especialmente por ello.
Más que irreverente, yo no tengo pelos en la lengua. Yo hablo de cualquier tema, menos de política, Soy apolítico, no me gusta. Aun así, en este caso al principio hago algo de cachondeo, porque viendo el panorama... Aunque tal y como está el patio tienes que tener cuidado porque te meten en la cárcel. Yo soy de barrio y en los escenarios uso lenguaje de barrio. Cuento las cosas como si se las contara a mis  colegas, como se habla en la calle. Me gusta darle naturalidad, que la gente no sepa si lo que digo está en el guion o estoy improvisando.

Y dentro de esa irreverencia… ¿dónde están los límites del humor de los que tanto se habla?
El humor no tiene límites. Los humoristas somos los psiquiatras del alma, los atenuadores de los problemas. Transformamos lo que está pasando y le damos ese toque humorístico porque todo tiene su vertiente cómica. Lo que pasa es que la gente, no sólo los políticos, cada vez tiene la piel más fina. Yo he hecho bromas sobre los veganos y me han linchado, se me ha echado todo el mundo encima. Quien se ofenda por cualquier cosa, que no venga al espectáculo. Esto es humor, es ficción, un poco de terapia. Yo lo primero que hago es reírme de mí mismo y de mis problemas y creo que eso me otorga la capacidad para reírme de todo. Las tragedias duran un tiempo pero luego las bromas también ayudan a quitarle hierro al asunto. Me pone triste que se pierda el humor. Alguien que no entiende el sarcasmo y la ironía es una persona sin cultura, un ignorante.

Entiendo que ese linchamiento fue a través de las redes sociales.
Cuando se junta el humor con las redes sociales, te pueden fulminar. A mí me estuvieron llamando “fascista de mierda” durante seis meses y luego “independentista de mierda” otros seis. ¿En qué quedamos? Arévalo siempre hacía siempre chistes de maricones y tartamudos y nadie decía nada. Hoy en día existe una herramienta como son las redes sociales y se te echan encima 200.000 personas, además desde el anonimato. Pero antes no salían a la calle 200.000 personas.

Pues está España como para no reírse…
España es para reírse, de toda la vida. Yo he hecho chistes de catalanes, vascos, andaluces... Somos un país de salaos. En teoría. ¿Ahora qué pasa? Que hay filtros y no puedes hacer bromas de algunas cosas. ¿Perdona? Se puede hacer broma de todo. También de Dios y de la Iglesia. Si hago un chiste y se ríe una persona, aunque sólo sea una, ya se convierte en una broma.

¿Y en Cataluña también pueden hacer broma de todo?
Pasa lo mismo. Lo que ocurre es que hay un pueblo dividido. Es un poco arriesgado para el humorista de aquí porque parece que te estás posicionando y cuando creen que lo has hecho ya te llaman facha o independentista de mierda. Es imposible hacer reír a todo el mundo y tratar de hacerlo es un error. Cada uno tiene su personalidad y su arte. En Cataluña tenemos ese hándicap y en temas políticos prefiero no meterme porque te encasillan.

Por cierto, ¿de dónde viene la expresión “Qué pam que pum”? Aparece relacionada a usted en todas partes.
Es la historia más extraña del mundo. En realidad, es un despropósito. Yo quería hacer una broma sobre que se está perdiendo el vocabulario. Quería explicar que los jóvenes hablan diciendo “así”, “del palo”, “que pam que pum...”. Pero la gente se quedó con la expresión de ‘choni’ y se reían. Es un despropósito, quería hacer una cosa y salió la contraria.

Supongo que a los humoristas les pasa mucho eso. Sueltan una broma que creen que va a triunfar y no se ríe nadie. Y viceversa.
¡Sí, sí, un montón de veces! Esto no es una ciencia exacta. Incluso a veces hago apuestas con los amigos. Les cuento una broma, me dicen que no tiene ninguna gracia y les digo que la voy a soltar en el escenario y que va a triunfar. He ganado muchas apuestas así. Fíjate en Eugenio, su gracia estaba en su forma de contarlo. O Chiquito, sus chistes eran malísimos pero te rompías mientras los contaba. Es mejor un chiste malo bien contado que uno bueno mal contado.

Medios

David Lorenzo

Periodista. Redactor de vigoe.es. David Lorenzo en Twitter

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