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Última edición: Jue, 21 Nov 2019 7pm

obituario

Dinguilindín

Rogeliña regentaba, junto con su hermana Marujita, esa pastelería que muchas personas consideramos una de las mejores de Galicia

23 Octubre 2019 por
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El ‘pastelón’: tartaleta grande y redonda de hojaldre que va rellena de crema pastelera. / Foto: J.A. El ‘pastelón’: tartaleta grande y redonda de hojaldre que va rellena de crema pastelera. / Foto: J.A.

He sentido mucho el fallecimiento de Rogelia Martínez Camba, más conocida como Rogeliña, de la pastelería Dinguilindín, de Ponteareas. Rogeliña regentaba, junto con su hermana Marujita, esa pastelería que muchas personas consideramos una de las mejores de Galicia. Allí se hacían —-y supongo que aún siguen haciéndolos—- los típicos pasteles grandes, realmente dulces, con ingredientes naturales y cada uno con su propio sabor; auténticos pasteles de los de antes.

Además, Dinguilindín también es famosa por las rosquillas y por los melindres. Pero es preciso añadir que también eran memorables las natillas que hacían de encargo, y sin olvidar el ‘pastelón’, al que corresponde esta fotografía que se acompaña: una tartaleta grande y redonda de hojaldre que va rellena de crema pastelera —-también la hacen de nata—-, y sobre ella otra tartaleta similar y también rellena, pero de menor tamaño, y ambas recubiertas de azúcar glas, frutas escarchadas y guindas; una especie de castillo de hojaldre relleno de crema pastelera —-o de nata—-, y decorada con azúcar glas y frutas escarchadas.

Pero lo mejor de Dinguilindín siempre ha sido el trato amable y cordial de Rogeliña y Marujita, de las que siempre he guardado inolvidable recuerdo desde mi niñez, cuando las conocí a través de mi familia de Ponteareas. Fueron Rogeliña y Marujita las que precisamente me explicaron el origen del curioso nombre de la pastelería. Se debe a su abuelo, que trabajaba en la fábrica de Garra, en Ponteareas, dedicada al curtido. Él era el encargado de tocar la campana de entrada y salida de los obreros y todos lo conocían por el sobrenombre de Dinguilindín. Luego se casó con su abuela, de tradición pastelera, y el oficio se ha ido transmitiendo de padres a hijos.

Como digo, siento mucho la pérdida de Rogeliña y estoy seguro de que muchas personas también lo sentirán del mismo modo. Ahora serán los más jóvenes de su familia los encargados de recoger el testigo y de continuar manteniendo esa pastelería como una de las mejores de Galicia.

Julio Alonso

Articulista.

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