Un buque de carga neerlandés, el Eikborg, ha protagonizado un incidente marítimo que ha requerido la intervención coordinada de servicios de rescate internacionales. Tras perder el control en aguas portuguesas, el navío ha sido remolcado hacia el puerto de Vigo, donde se espera su atraque inminente para evaluar daños y proceder a reparaciones.
El origen del incidente en Figueira da Foz
El problema surgió el pasado 26 de enero, cuando el Eikborg, un carguero de 89 metros de eslora y bandera de los Países Bajos, abandonaba el puerto portugués de Figueira da Foz con una carga de pasta de celulosa destinada a Alemania. Según informes iniciales, el buque tocó fondo en la entrada del puerto, posiblemente debido a acumulaciones de arena por un dragado incompleto, lo que provocó la pérdida del timón y dejó la embarcación a la deriva a unos 40 kilómetros de la costa. Las condiciones meteorológicas adversas, con olas de hasta cinco metros, complicaron la situación, obligando a la tripulación a navegar en reversa para mantener la estabilidad.




La Autoridad Portuaria lusa cerró temporalmente el acceso a grandes buques, atribuyendo el suceso a fallos en las operaciones de mantenimiento costero. El Eikborg, operado por la compañía neerlandesa Royal Wagenborg, transportaba alrededor de 3.300 toneladas de pulpa de eucalipto procedente del grupo Altri, valorada en cerca de 1,8 millones de euros. La tripulación, compuesta por miembros de diversas nacionalidades, permaneció a bordo sin reportar heridos.
La operación de remolque y las dificultades en la aproximación a Vigo
El armador del Eikborg contrató al remolcador noruego Skandi Lifter, un buque especializado en operaciones offshore perteneciente al grupo DOF, para asistir en el traslado. La maniobra de remolque comenzó el 29 de enero, con el objetivo de dirigir el carguero hacia Vigo como puerto de refugio temporal. Sin embargo, a once millas náuticas de Cabo Silleiro, el conjunto empezó a derivar debido a corrientes y vientos fuertes, generando dificultades para entrar por la bocana sur de la ría.
Tras el aviso de esta alerta, Salvamento Marítimo español activó sus recursos de inmediato. El buque María de Maeztu fue desplegado como escolta para supervisar la operación y proporcionar apoyo en caso de complicaciones adicionales. Además, el armador recurrió a remolcadores privados locales: el Talavera se encargará de tomar el control por la popa en un cambio de remolque previsto a cinco millas de la costa, mientras el María de Maeztu permanece en posición de respaldo durante toda la maniobra.
El Eikborg, construido en 2008, es un carguero general con una capacidad de 3.592 toneladas de peso muerto y dimensiones adaptadas para rutas costeras europeas. Su gestor, Wagenborg Shipping, es una firma familiar con experiencia en transporte de graneles secos.
Por su parte, el Skandi Lifter es un Anchor Handling Tug Supply (AHTS) de alta potencia, botado en 2009, con 90,3 metros de eslora y capacidad para operaciones en condiciones extremas. Clasificado con posicionamiento dinámico DP2, este remolcador ha participado en misiones de salvamento previas y recientemente firmó un contrato de cuatro años con Petrobras en Brasil. Por su parte, el María de Maeztu, de Salvamento Marítimo, es un remolcador multifuncional equipado para emergencias en alta mar, destacando su rol en la coordinación con autoridades portuguesas y noruegas.




Próximos pasos y repercusiones
Una vez atracado en Vigo, el Eikborg será inspeccionado para reparar el timón y evaluar posibles daños estructurales. Fuentes de Salvamento Marítimo indican que el destino final del buque es el puerto de Vilagarcía, confirmado por su consignataria (Comarsa), pero el traslado se pospondrá hasta que mejoren las condiciones meteorológicas. Este incidente subraya los riesgos asociados a la navegación en zonas con sedimentación variable y la necesidad de inversiones en infraestructuras portuarias.
La emergencia no ha generado derrames ambientales hasta el momento, pero las autoridades mantienen una vigilancia estricta. Este suceso se enmarca en un contexto de mayor frecuencia de alertas marítimas en el Atlántico, impulsadas por tormentas como la depresión Kristin, que elevó el nivel de alerta en Portugal a su máximo.




















