España vuelve a ser protagonista de una gran tragedia ferroviaria que remueve conciencias y también recuerdos que todavía están muy recientes en Galicia. Pese a haber pasado ya 13 años, Angrois sigue muy presente en las mentes de los gallegos y gallegas. Sin ir más lejos, esta misma mañana lo recordaba el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, en el minuto de silencio que tuvo lugar en San Caetano, acto que se repitió en muchos municipios de la geografía gallega.
Y ahora más que nunca tras observar las imágenes que nos llegan de Adamuz, en Córdoba, donde en estos momentos el número de fallecidos alcanza ya las 40 personas, siendo un total de 122 las atendidas por el siniestro, con 117 adultos y cinco niños. Mientras, en este momento hay 41 personas ingresadas siendo 37 adultos y cuatro niños.
El Gobierno de Pedro Sánchez acaba de declarar tres días de luto oficial en todo el país, desde la medianoche de hoy y hasta las 24:00 horas del jueves 22 de enero, en señal de condolencia con las familias y personas allegadas de los fallecidos. Durante este periodo, la bandera nacional deberá ondear a media asta
en el exterior de todos los edificios públicos, incluyendo las representaciones y misiones en el exterior, y buques de la Armada.
Con todo, el descarrilamiento de trenes ocurrido este domingo es la mayor tragedia ferroviaria en el país desde Angrois, tratándose del cuarto siniestro ferroviario más grave en la historia de España detrás del de Torre del Bierzo (1944), donde perdieron la vida 79 personas y otras 75 resultaron heridas; el de El Cuervo (1972), que dejó 77 muertos; y el citado de Angrois (2013), con 80 personas fallecidas y otras 145 heridas.
Sin embargo, en el área de Vigo, en este año 2026 se cumplen 50 años de otra tragedia que conmovió a la ciudad y que ahora vuelve a ponerse, por desgracia, en el foco de la actualidad.
Tal y como contó hace unos años el periodista vigués Eduardo Rolland en un artículo publicado en VIGOÉ, el 9 de septiembre de 1976, se producía en Rande, a la entrada de Vigo, el choque de frente y a gran velocidad de un tren de pasajeros con una locomotora suelta.
Quince personas fallecieron y hubo 29 heridos en un siniestro que se atribuyó a un «error humano» y que, como en todos estos casos, tiene a los vecinos y al pueblo como uno de los grandes protagonistas a la hora de ayudar a las víctimas.
En aquella ocasión y tal y como explicaba Rolland, la máquina que transitaba sola venía desde la terminal de mercancías de Guixar y se encontró a las 18:30 horas de frente con un convoy modelo Ómnibus 2735, con 120 pasajeros que llegaban de Santiago. El choque fue brutal. Los cuatro maquinistas perecieron en el acto, mientras que los vagones se desprendieron de la composición para precipitarse por un terraplén. Dos de ellos, terminaron a cincuenta metros de distancia, junto al mar, cerca del puente de Rande. Otro vagón colisionó contra una vivienda, arrasándola. Dos obreros que trabajaban en la casa en ese momento murieron también, aplastados.
“Iba por la carretera camino de Pontevedra y escuché un estruendo, la tierra se movió y mi coche, un Seat 1500, dio un salto y se caló”, recordaba en 2017 el industrial Antonio Reguera, testigo del accidente: “Me asomé y vi lo que había pasado y llamé al Gobierno Civil desde un chalé cercano. Luego bajé al vagón lleno de muertos”.
«Error humano»
La causa atribuida al siniestro fue un “error humano”. En concreto, se responsabilizó al guardagujas, que no accionó el cambio de vía y las dos locomotoras se encontraron de frente. “El guardagujas estaba leyendo cuando se produjo el choque”, tituló La Voz al día siguiente. Por lo visto, tras ver pasar la unidad de mercancías, llamó a la central para avisar de que había cambiado las vías. Pero no lo hizo. Se despistó. Narra el diario: “Según su propia declaración, tras informar de que hacía el cambio, se puso a barrer la garita y después estuvo leyendo una revista hasta que oyó el ruido de la locomotora que venía de Guixar y cayó en la cuenta de que todavía no había pasado el tren de Redondela”.
Poco después, a dos kilómetros del cruce, se producía el accidente. El propio empleado llamó para avisar, “en completa angustia y anonadado”. Pero era demasiado tarde. Esta versión fue criticada por algunos colectivos ferroviarios, que exigieron una investigación. Fue el caso del Sindicato de Transportes –aun perteneciente al sindicalismo vertical de la dictadura- que se descolgó criticando a Renfe.
Sistema de seguridad
Además, el siniestro sembró dudas sobre el sistema de seguridad vigente en aquella época, llamado CTC, gobernado por un Centro de Control de Señales. Este centro tenía su sede en Ourense, pero solo alcanzaba hasta Guillarei. Desde aquí hasta Vigo, la circulación se gobernaba por “bloqueo telefónico”. Los guardagujas debían hacer una llamada tras cambiar las vías y los maquinistas se guiaban por semáforos. Todo era demasiado artesanal y expuesto a un error fatal. Para muchos, que el CTC no llegase hasta la ciudad de destino era una de las razones del siniestro. Curiosamente, en el dramático accidente del Alvia de Santiago en Angrois en 2013 también hubo un gran debate sobre el sistema de seguridad utilizado, inferior al de las líneas de alta velocidad convencionales.
Las imágenes del accidente de Rande provocaron también una gran conmoción. Los coches que pasaban por la carretera, que discurre en Redondela paralela a la vía, se paraban y sus ocupantes salían a rescatar a los heridos. “En la explanada se van depositando los objetos que se encuentran entre los hierros retorcidos”, escribía un cronista de la época, “facturas de compra, carteras, documentos, ropas rotas y ennegrecidas, zapatos… todo va formando un pequeño montón que posiblemente sirva para alguna identificación”.
Ayuda de los vecinos
Las crónicas hablan del esfuerzo de los vecinos por ayudar a bomberos y sanitarios: “Curiosos y gentes insisten en mover aquella masa de hierros y maderas astilladas con sus propias manos; se trata de rescatar varios cadáveres que se adivinan, más que se ven, entre los hierros retorcidos”.
Mientras los heridos llegaban a la Residencia Sanitaria Almirante Verna –el ‘Pirulí’, más tarde hospital Xeral y, muy pronto, Cidade da Xustiza-, en otra puerta cientos de personas hacían cola para donar sangre. El Hospital Municipal quedó también desbordado.




















