La industria naval española, y muy especialmente el polo tecnológico de la ría de Vigo, ha iniciado 2026 consolidando su posición como el referente indiscutible en la construcción de buques de alto valor técnico. En un escenario de renovación global de flotas científicas, los astilleros del norte se postulan como los favoritos para liderar proyectos que exigen una precisión de ingeniería quirúrgica. El contrato más codiciado del momento proviene del sudeste asiático: la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Indonesia (BRIN) busca constructor para dos buques oceanográficos de última generación, una operación valorada en aproximadamente 82,5 millones de euros.
Una licitación de alto calado estratégico
El proyecto indonesio no es solo una cuestión de tonelaje, sino de soberanía científica. La agencia BRIN ha diseñado una estrategia para modernizar su flota (actualmente dependiente de unidades con décadas de servicio) y fortalecer su capacidad de investigación en aguas profundas. El encargo consta de dos unidades diferenciadas: un buque oceanográfico de gran autonomía capaz de operar en fosas abisales de hasta 10.000 metros de profundidad, y un segundo buque destinado al monitoreo costero y la gestión de recursos pesqueros.
Indonesia, que posee la segunda zona económica exclusiva más extensa del planeta, aspira con estas unidades a realizar mapeos del fondo marino y estudios de biodiversidad de forma independiente. Para los astilleros gallegos, ganar este contrato supondría no solo una carga de trabajo asegurada por varios años, sino un sello de garantía en uno de los mercados más exigentes del mundo.
El reto de los 10.000 metros
La licitación internacional puesta en marcha por la BRIN no es un encargo naval al uso. Se trata de un desafío de ingeniería que busca dotar al país asiático de una soberanía científica sin precedentes en sus aguas. Para ello, el pliego técnico de condiciones, valorado en 82,5 millones de euros, detalla unas capacidades que sitúan a estos futuros buques en la élite de la exploración oceánica mundial.
Exploración en la zona abisal
El buque insignia de este contrato será una unidad de gran autonomía diseñada como un «explorador de océano» (penjelajah samudera). Su principal requisito técnico es la capacidad de operar y realizar investigaciones en profundidades de hasta 10.000 metros. Esta especificación es crítica para que Indonesia pueda estudiar sus fosas oceánicas y zonas abisales de forma independiente, una capacidad que actualmente solo poseen un puñado de naciones en el mundo.
Un laboratorio multidisciplinar de alta tecnología
Más allá de la profundidad, la BRIN exige que estas plataformas se conviertan en auténticos centros de inteligencia marítima. Los buques deberán integrar sistemas avanzados para cubrir cuatro áreas estratégicas:
- Geociencias marinas: Equipamiento de última generación para el mapeo activo y preciso del fondo marino.
- Oceanografía integral: Capacidad laboratorial para realizar estudios de oceanografía física, química y biológica en tiempo real.
- Biodiversidad y pesca: Sistemas de monitorización para el estudio de los recursos pesqueros y la biodiversidad marina.
- Sostenibilidad: Herramientas para evaluar la salud de los ecosistemas y la sostenibilidad de los recursos marinos.
Complementariedad costera
Mientras que el buque oceánico se enfrentará a las grandes profundidades, la segunda unidad del contrato estará orientada a la Zona Económica Exclusiva (ZEE) y las aguas costeras. Su diseño técnico estará optimizado para el monitoreo ambiental y la investigación en áreas próximas a la costa, asegurando una cobertura total de los vastos recursos marinos indonesios.
Con este despliegue de requisitos, Indonesia busca dejar atrás la dependencia de su antigua flota Baruna Jaya, apostando por tecnología punta que los astilleros de Vigo, como Freire y Armón, están capacitados para suministrar.
El duelo de los gigantes de la Ría
Vigo ha entrado con toda su artillería en la puja. Tras una primera fase en 2024 donde Freire Shipyard se situó como el único precalificado, la reapertura de la licitación en agosto de 2025 ha reconfigurado el tablero.
En esta nueva ronda iniciada a finales de 2025, Freire repite como un candidato de máxima solidez, pero se encuentra con un competidor doméstico de peso: Astilleros Armón. El otro gran jugador del naval vigués ha presentado una oferta en unión temporal de empresas (UTE) junto a su factoría de Gijón, demostrando la capacidad de movilización de la cadena de suministro española. A este duelo gallego se suma el astillero asturiano Gondán, que ya cuenta con experiencia previa suministrando patrulleras al Gobierno indonesio, además de dos astilleros franceses que completan la terna de candidatos internacionales.
La resolución de este contrato, que se espera para los próximos meses, marcará el ritmo de las gradas viguesas en el medio plazo. El hecho de que tres de los cinco finalistas sean empresas españolas subraya que la tecnología naval del país compite en una liga propia cuando se trata de buques oceanográficos multipropósito.
Si la adjudicación recae finalmente en la ciudad olívica, la industria auxiliar gallega recibirá un impulso millonario, reafirmando que el futuro del naval no pasa por el acero masivo, sino por la integración de sistemas complejos de investigación. Indonesia busca tecnología de vanguardia y, a día de hoy, todos los caminos de la ciencia marina parecen conducir a las orillas de la ría de Vigo.




















