El Celta ha marcado un hito histórico que trasciende la mera estadística deportiva para adentrarse en la emoción y el legado familiar. Con apenas unas horas de vida, Roi Carballo se ha convertido en el celtista número 40.000, una cifra récord que sella con su nombre el crecimiento imparable del sentimiento celeste. El pequeño, que llegó al mundo a las 00:31 horas del jueves 27 de noviembre, simboliza a la perfección el lema no escrito de la entidad: la pasión por el Celta se transmite ineludiblemente de generación en generación.
El hecho cobra un valor aún más profundo en un club que ha convertido de la perseverancia y el sentimiento (Afouteza e Corazón) su bandera. Roi Carballo no solo completa una cifra histórica, sino que personifica la continuidad de una identidad que muchos aseguran sentir desde antes de nacer.
Con un carnet bajo el brazo
Roi, hijo de Alberto Carballo y Xulia Garrido, no tardó en ser dado de alta como miembro de la gran familia celeste. Apenas unas horas después de su nacimiento en el Hospital Álvaro Cunqueiro, sus padres formalizaron su inscripción, asegurando que su llegada al mundo estuviera ligada desde el primer instante a la historia del club.
Para celebrar esta simbólica incorporación, el Celta desplegó una bienvenida institucional de altura. Atilano Vecino y Carlos Cao se acercaron al hospital para felicitar a la familia y entregar a Roi su primer Carnet Celtista y la primera equipación oficial. Aunque la camiseta todavía tardará en quedarle, este gesto sella la promesa de un sentimiento que, como el de miles de aficionados, se defenderá con la convicción de haber nacido para formar parte de la memoria colectiva del Celta.

Un lazo que une padre e hijos
El club alcanza la barrera de los 40.000 celtistas en un momento de reflexión sobre su propia identidad. Una reciente encuesta a la masa social ha arrojado datos reveladores sobre la naturaleza de esta pasión. Como cabía esperar, la mayoría de los aficionados descubrió su ferviente amor por el Celta gracias a sus padres y madres, un sentimiento que se sigue compartiendo y que, de forma inevitable, está ligado al sufrimiento compartido en las gradas.
Esa fidelidad se demuestra en cifras: el 60% de los encuestados reconoce haber perdido la cuenta de las veces que ha llorado por el equipo, si bien insisten en que ni uno solo de esos momentos ha sido razón suficiente para plantearse no renovar el carné. Este lazo emocional, forjado en la infancia y transmitido en casa, es el motor que garantiza la continuidad de la Afouteza y el Corazón en las nuevas generaciones.
Fidelidad innegociable y memorias de culto
La identidad celeste es profunda y abarca desde los objetos de culto hasta las prioridades vitales. La camiseta, la «segunda piel de cada celtista», sigue siendo el objeto más preciado, con una media de cinco por aficionado que se guardan como auténticos tesoros. El sentimiento se lleva tan dentro que casi la mitad de los encuestados sitúa «ser del Celta» entre las tres características que mejor los representan.
Esta inquebrantable fidelidad se refleja en la memoria colectiva: gestas como la salvación de 2023 ante el FC Barcelona, la permanencia del 4% o el debut de Iago Aspas frente al Deportivo Alavés en 2008 son ejemplos de instantes compartidos que cimentaron la fe de miles de aficionados.
Finalmente, la intensidad de esta pasión se mide en su resistencia al materialismo. La pregunta sobre cuánto dinero sería necesario para dejar de ser celtista encontró una respuesta casi unánime: el 81,6% de los aficionados afirmó que no existe cantidad capaz de distanciarlos del equipo, demostrando que este sentimiento, ya sea heredado, cultivado o innato, es un pilar esencial e inexplicable de la identidad viguesa.





















